10.8.10

In God We Trust

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” Génesis 2:15

La tradición judeo-cristiana ubica a la Naturaleza en un rol pasivo. Una especie de gran generador de recursos y materias primas puestos al servicio exclusivo del hombre, gracias a la mano bienhechora de Dios.
El crecimiento poblacional, el desarrollo técnico y tecnológico fue posible gracias al usufructo mercantil establecido entre hombre y naturaleza.
En otras palabras, la noción de Progreso es producto de esta relación entre un medio aparentemente pasivo (la naturaleza) y un consumidor (el hombre).
Este consumidor es un animal simbólico creador de virtualidades, de objetos abstractos que permiten acceder a los frutos mágicos de la huerta del Edén de forma indirecta. Es decir, el hombre deja entonces de ser cazador-recolector o agricultor para convertirse en un trabajador que recibe a cambio de su labor, papeles de diversos colores. En este punto de la historia, el hombre cobra conciencia de que no solo puede dominar a la naturaleza sino a otros hombres. La codicia y la manipulación hace que algunos hombres se sienten sobre la cabeza de los que están abajo.
La palabra compuesta “economía” hunde sus raíces etimológicas en el griego “eikos” que significa hogar o ambiente y “nomos” que se puede traducir como norma o regla. Por lo tanto, la Economía resultaría ser una disciplina que establece las reglas del hogar.
Siendo de este modo y no de otro, “las reglas del hogar” someten a propios y ajenos a una lógica sin sentido, en la cual la naturaleza, el hogar (eikos) compartido por todos sufre un desequilibrio atroz. Lo mismo ocurre con millones y millones de personas que padecen algo que no se sabe exactamente que es pero le llamamos “La Crisis”, que dicen nuestros expertos puede llegar a modificar sustancialmente nuestras vidas.
Quizás, sea difícil conectar la crisis actual de la economía mundial con la depredación del medio-ambiente. Sin embargo, ambas situaciones tienen un mismo origen: la ambición desmedida por el dinero y la arrogancia de ser por invocación divina, amos y señores del mundo.
Son tiempos extraños. La televisión de los años 80 profetizaba un mundo distinto en el año 2000. Autos volando por el espacio exterior pertenecientes a una comunidad espacial conviviendo en paz.
Pero estamos encerrados en nuestro propio cerco. La lógica de la virtualidad monetaria creó un mundo dominado por un desarrollo técnico que se nos ha vuelto en contra. El Mercado, el Frankestein de la abundancia, se ha rebelado contra su creador. La Naturaleza pasiva comienza a abrirse camino de todos modos, enviando como respuesta mil y una plagas.
Solo resta saber si estamos frente a las vísperas del Apocalipsis ò ante un cambio que produzca un nuevo orden mundial mejor, igual o peor que el actual. Amén.