5.8.10

La triste medida de nuestra moral

De los rasgos sobresalientes del absurdo universo humano hay uno que resplandece por sobre el resto: un repugnante desprecio hacia todas las formas de vida existentes. Un mundo de inmensa crueldad. Las aberraciones en contra del mundo animal no pueden seguir siendo admitidas. Si Dios quisiera darnos una prueba verdadera de su existencia, tendría que tragarse por completo a casi toda la humanidad (por supuesto que no sucederá).
Schopenhauer, afirma: "La vista de cualquier animal me regocija y me ensancha el corazón (...) Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, por que con cortas excepciones me ofrecen el espectáculo de las deformidades más horrorosas y variadas: fealdad fisica, expresion moral de bajas pasiones y de ambicion despreciable, locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupcion sordida, fruto de habitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz de encontrar allí a los brutos".
Los "brutos". ¡Cuánto hay que aprender de ellos! Oigan ustedes sabios, científicos, sacerdotes, políticos, militares y hombres de todo tipo. La crueldad hacia la naturaleza es la medida de nuestra moralidad, me dijo alguna vez un solitario viajero del desierto.
De esta moral aberrante, de quien ataca y destruye a inocentes, de seres así, no puede esperarse mas que una cultura aborrecible.
Siendo esto así, tan solo deberíamos esperar que el progreso sin rumbo de la civilización acelere sin remedio (y tal vez como único antídoto para la salvación de la tierra) el proceso de desaparición del hombre.
No obstante, un Guerrero no muere sin combatir tanta aurea mediocritas. Un Guerrero siente profundo dolor, vergüenza y una culpa que le carcome el hígado. Pelear hasta la muerte, con la derrota siempre un paso atrás. Es esta la única forma de redimirse de tanta maldad.